


Quien conoce Galicia, quien la ha vivido, en algún momento siente la morriña.
Aparte de vacaciones uno ha tenido la fortuna de vivir en Galicia unos ocho años, de vivir Galicia, que imprime caracter.
Y, claro, uno siente morriña de esos paisajes, de sus airiños, de sus verdes y de los azules profundos de su mar. De aquel olor profundo a alga, de sus suaves atardeceres, de la dulce calidez de sus gentes.
Galicia..., hay que conocerla y luego echarla en falta, sentir morriña....


