


Las piedras viven? Hablan las piedras? Las piedras sueñan?
Paseando por Dubrovnik, la antigua Ragusa, un percibe que si. Que esos viejos muros, torreones y murallas, hablan, cuentan su historia.
Cuentan, a poco que uno se fije, de su mas reciente historia, de la tristemente reciente guerra de la antigua Yugoslavia, del bombardeo que la asoló desde el mar, el Adriatico, y desde las montañas a cuyos pies se levanta la ciudad y que la dejó en ruinas.
Vuelta a reconstruir con un cuidado, mimo mas bien, por parte de la Unesco que la declaró Patrimonio de la Humanidad, sus piedras han vuelto a contar sus viejas historias y se han remontado a la antigua Venecia, a Marco Polo, al explendor de su pasado y la grandeza de sus palacios.
Ragusa fué, ademas de ciudad un castillo que terminó en ciudad fortificada. Atravesada por la Stradun a ambos lados se pueden ver, perfectamente conservados palacios ducales, edificios civiles y religiosos, pavimentos y, sobre todo, historia, casi viva, latente aún.
Pasear con las prisas y el despiste del turista nunca es bueno desde el punto de vista fotográfico, mas bien es contraproducente. Por eso conviene documentarse un poco antes de ir, para saber donde está el verdadero meollo del lugar y no dejarse llevar por esas nuevas corrientes -diseñadas para el turista- que hablan de otra ciudad que no por ello es desdeñable, pero que no respira, no transmite ese ambiente de viejas historias de grandezas, de acosos, de soledades tranquilas al borde del Adriatico, a la que está unida de forma inseparable.
Y es ahí, en esos rincones menos frecuentados, donde en silencio, uno escucha hablar, llorar, a las viejas piedras de Ragusa.
NIKON D2x con Nikkor 24/120